Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes El éxito se debÃa al tacto, cuidado y tolerante guÃa de la señorita Stacy. HacÃa que sus alumnos pensaran, exploraran y descubrieran por sà mismos, fomentaba que se apartaran de senderos trillados hasta un punto que sorprendÃa por completo a la señora Lynde y a los sÃndicos de la escuela, quienes miraban de reojo todo lo que se apartara de los viejos métodos establecidos.
Aparte de sus estudios, Ana tuvo mayor vida social, pues Marilla, obsesionada por la advertencia del médico de Spencervale, no se opuso más a las salidas que se presentaban ocasionalmente. El Club del Debate prosperó y celebró varios festivales; hubo una o dos fiestas que casi llegaron a ser grandes acontecimientos, y paseos en trineo y patinaje.
Mientras tanto, Ana crecÃa tan rápidamente que Marilla se sorprendió un dÃa que estaban de pie una junto a la otra al descubrir que la jovencita era más alta que ella.
—¡Vaya, Ana, cómo has crecido! —exclamó, casi incrédulamente. Un suspiro acompañó estas palabras. Marilla sentÃa una extraña pena ante la estatura de Ana. La niña que ella habÃa aprendido a amar se habÃa desvanecido y en su lugar estaba esta alta muchacha de quince años, de mirada seria, semblante pensativo y cabecita orgullosa.