Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes Ana se quitó el sombrero humildemente. En seguida regresó Matthew y se sentaron a cenar. Pero Ana no podÃa comer. En vano mordisqueaba el pan untado con mantequilla y picoteaba las manzanas agrias en almÃbar.
—No comes nada —dijo Marilla toscamente, mirándola como si esto fuera una falta grave. Ana suspiró.
—No puedo. Me encuentro sepultada en los abismos de la desesperación. ¿Puede usted comer cuando se encuentra en los abismos de la desesperación?
—Nunca estuve en los abismos de la desesperación, de modo que no puedo decirlo —respondió Marilla.
—¿No? Bueno, ¿ha tratado alguna vez de imaginárselo?
—No.
—Entonces no creo que pueda comprender cómo es. Ciertamente, es una sensación muy desagradable. Cuando uno trata de comer, se forma un nudo en la garganta y no se puede tragar nada, ni siquiera un caramelo de chocolate. Una vez, hace dos años, comà un caramelo de chocolate, y me pareció delicioso. Desde entonces sueño muy a menudo que tengo montones de caramelos de chocolate, pero siempre me despierto justo en el momento en que voy a comerlos. Espero que no se sienta ofendida porque no puedo comer. Todo está extremadamente bueno, pero asà no puedo comer.