Ana la de Tejas Verdes
Ana la de Tejas Verdes —Oh, Marilla —dijo gravemente—, no creo… que podamos hacer nada por él.
—Señora Lynde, ¿no pensará…? No puede pensar que Matthew esté… esté… —Ana no pudo decir la horrible palabra; palideció.
—Me temo que sÃ. Mira su cara. Cuando hayas visto ese gesto tan a menudo como yo, sabrás qué significa.
Ana miró la quieta cara y contempló el sello de la Gran Presencia.
Cuando llegó el médico, declaró que la muerte habÃa sido instantánea y probablemente indolora, causada con toda probabilidad por una gran impresión. El secreto de ésta fue descubierto en el periódico que Matthew tenÃa y que Martin trajera aquella mañana del correo. TraÃa la noticia de la quiebra del Banco Abbey.
La noticia se esparció con rapidez por Avonlea, y durante todo el dÃa amigos y vecinos llegaron a «Tejas Verdes», entrando y saliendo en visitas de afecto para el muerto y los vivos. Por vez primera, el tÃmido y callado Matthew Cuthbert era una persona de gran importancia; la blanca majestad de la muerte habÃa caÃdo sobre él y le habÃa apartado de los demás.