Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Hablando de libros, Un amor loco terminó hace dos semanas —comentó el capitán Jim, pensativo—. Alcanzó ciento tres capÃtulos. Cuando se casaron, el libro terminó abruptamente, de modo que supongo que se les terminaron todos los problemas. Es realmente muy bonito que las cosas sean asà en los libros, ¿no?, aunque no sea asà en ningún otro lado.
—Yo nunca leo novelas —dijo la señorita Cornelia—. ¿Sabes cómo estaba hoy Geordie Russell, capitán Jim?
—SÃ, pasé a verlo camino a casa. Está bastante bien, aunque cocinándose en una olla de problemas, como siempre, pobre hombre. Cierto que él se los busca casi todos, pero no creo que eso le haga las cosas más fáciles.
—Es un terrible pesimista —dijo la señorita Cornelia.
—Bien, no es exactamente un pesimista, Cornelia. Es sólo que nunca encuentra nada que le venga bien.
—¿Y eso no es ser pesimista?
—No, no. Pesimista es el que no espera encontrar nunca algo que le venga bien. Geordie todavÃa no ha llegado tan lejos.
—Tú tendrÃas algo bueno para decir hasta del diablo, Jim Boyd.