Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Quién sabe si no vale mucho para alguien —adujo el capitán Jim—. No parecÃa de mucho valor, pero uno no puede fijarse en el aspecto cuando se trata de juzgar a un perro. PodrÃa ser una belleza por dentro, como yo. A Segundo Oficial no le gustó, debo reconocerlo. Su enfado fue tremendo. Pero Segundo Oficial tiene prejuicios. No tiene sentido pedirle a un gato su opinión sobre un perro. La cuestión es que me quedé sin comida, de modo que esta mesa bien servida en esta encantadora compañÃa es realmente muy agradable. Es una gran cosa tener buenos vecinos.
—¿Quién vive en la casa que hay entre los sauces, arroyo arriba? —preguntó Ana.
—La señora de Dick Moore… —dijo el capitán Jim—, y su esposo —agregó, como si se le hubiera ocurrido después.
Ana sonrió y, a partir de las palabras del capitán Jim, se hizo una imagen mental de la señora de Dick Moore: evidentemente una segunda señora Rachel Lynde.