El Sistema del doctor Alquitrán y el profesor Pluma
El Sistema del doctor Alquitrán y el profesor Pluma Mis nervios sufrieron un tardo choque al escuchar aquellos clamores, pero no pude dejar de sentir lástima por el resto de la asamblea. Jamás he visto a un grupo de personas razonables bajo un espanto semejante. Se pusieron pálidos como otros tantos cadáveres y, mientras se desplomaban en sus asientos, temblaban y se estremecÃan de terror, esperando la repetición de los gritos. Volvieron a oÃrse éstos con mayor fuerza y al parecer más cerca, se repitieron por tercera vez con gran intensidad y luego más apagados. Ante esta aparente cesación de los clamores, los comensales recobraron inmediatamente los ánimos y todo volvió a ser alegrÃa y conversación como antes. Me atrevà entonces a preguntar la causa de aquella interrupción
—Una simple bagatelle —dijo Monsieur Maillard—. Estamos habituados a estas cosas y en realidad nos preocupamos muy poco de ellas. De vez en cuando los locos se ponen a gritar a coro, pues uno excita al otro, como suele ocurrir con los perros de noche. Pero al coro de alaridos sucede en ocasiones una tentativa simultánea para emprender la fuga, y en esos casos no deja de haber cierto peligro.
—¿Y cuántos tiene usted a su cargo en este momento?
—No más de diez.
—¿Mujeres en su mayorÃa, supongo?