El Corsario Negro
El Corsario Negro Carmaux, que querÃa aumentar las provisiones para no correr peligro de pasar hambre, se lanzó hacia la orilla, y con unos cuantos palos pudo apoderarse de dos grandes rayas espinosas, de una piraja y un pemecrú.
—¡Esto era cuanto necesitaba! —gritó dirigiéndose hacia el Capitán, que se habÃa metido por entre los árboles.
—¡Y esto también! —gritó una voz.
Y resonó un disparo.
Carmaux no dio un grito ni un gemido; cayó en medio de una mata de madera de cañón, y quedó inmóvil, como si la bala le hubiera dejado seco.