El León de Damasco
El León de Damasco —¿Es que habéis encontrado sanguijuelas en vuestras camas? Me extrañarÃa, puesto que ya hace tiempo que se secaron los estanques y esos animaluchos, que tan buenos ingresos producÃan a la señora, desaparecieron con la maldita sangre cristiana que chupaban.
—¡Deja la palabrerÃa estúpida! Bien sabes que no es eso lo que deseamos saber.
—Entonces, tú dirás.
—Llegamos al castillo en una chalupa que ya no se encuentra en la rada.
—¡Cómo! ¿Ha desaparecido? —exclamó el armenio, alzando las manos al cielo patéticamente—. ¡No es posible!
—La chalupa ha sido hundida —notificó encolerizado el griego.
—¿Por quién?
—Tú lo debes conocer.
—¡Ah! ¡Comprendo! Han sido los cangrejos.
—¿Los cangrejos? —inquirió sorprendido Mico.
—SÃ. Vuestra lancha era tal vez algo vieja…
—¡Vieja! Fue botada al agua hace seis meses.
—¿Botada o… apresada?
—¿Qué nueva comedia es esta?