Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar Abrió la puerta de la casa e invitó a entrar al angloindio, a Damna y a Yáñez; en seguida, mientras sus hombres armaban precipitadamente sus fusiles, se volvió hacia un viejo que estaba fumando en un ángulo de la habitación, cerca de una ventana, y le preguntó, indicándole a Yáñez:
-Señor gobernador, ¿conoce usted a este hombre? MÃrele bien, y dÃgame si no es uno de los que robaron la provisión de carbón que nos confiara el Gobierno inglés.
-¡Ah, bribón! -exclamó, furioso, el portugués.
El viejo se levantó rápidamente.
-¡SÃ, es uno de ellos! -gritó el gobernador.
-¡Ahora no te nos escaparás, y haremos que te ahorquen los marineros ingleses en el mástil más alto de sus barcos! ¡Pirata!
-¡Yo, pirata! -exclamó Yáñez, levantando el puño.
Sir Moreland se interpuso rápidamente.
-Un capitán de Su Majestad la reina de Inglaterra no puede permitir que en su presencia se cometa violencia alguna. Señor gobernador, este hombre es un corsario, y no un pirata.