El Rey Lear
El Rey Lear EL DUQUE DE ALBANIA.—Es verdad. Cubrid sus rostros.
EDMUNDO.—Pésame la vida. A pesar de mi propia Ãndole, quiero practicar el bien una vez. Mandad, sin perder tiempo, una orden al castillo para evitar el asesinato de Lear y Cordelia; apresuraos.
EL DUQUE DE ALBANIA.—Corred, corred, ¡al momento!
EDGARDO.—¿Y a quién dirigirse? ¿A quién encargaste tu bárbara misión? ¿Cómo demostrarle que revocas la orden?
EDMUNDO.—Es verdad; toma mi espada y enséñala al capitán.
EDGARDO.—(Al MENSAJERO.) Por tu vida, date prisa. (Sale el MENSAJERO.)
EDMUNDO.—De orden mÃa y de tu esposa estaba encargado de estrangular a Cordelia en la prisión y de achacar su muerte a su propia desesperación.
EL DUQUE DE ALBANIA.—¡Sálvenla los dioses! Llevadle de aquà por un momento.
Sacan a EDMUNDO. Entra LEAR, llevando a CORDELIA muerta, en sus brazos.