Frankenstein
Frankenstein —Eso es lamentable. Pero, si está usted exento de culpa, ¿no les podrÃa convencer?
—Estoy a punto de iniciar esa tarea, y es justamente por ello por lo que siento tantos temores. Tengo un gran cariño por estos amigos. Durante muchos meses, y sin que ellos lo sepan, les he venido prestando cotidianamente algunos pequeños servicios, no obstante piensan que quiero perjudicarlos. Es precisamente ese prejuicio el que quiero vencer.
—¿Dónde viven sus amigos?
—Cerca de este lugar.
El anciano hizo una pausa y continuó:
—Si usted quisiera confiarse a mÃ, quizá yo pudiera ayudarlo a vencer el recelo de sus amigos. Soy ciego y no puedo opinar acerca de su aspecto, pero hay algo en sus palabras que me inspira confianza. Soy pobre y estoy en el exilio, pero me será muy grato poder servir de ayuda a otro ser humano.
—¡Es usted muy bueno! Agradezco y acepto su generosidad. Con su bondad me infunde nuevos ánimos. ConfÃo en que, con su ayuda, no me veré privado de la compañÃa y afecto de sus congéneres.