La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma QuerÃa darse tiempo para poder consultar al conde, a quien contó minuciosamente todo el diálogo de aquella velada, callándose, no obstante, las frecuentes alusiones del prÃncipe a la promesa que envenenaba su vida. La duquesa presumÃa que llegarÃa a ser tan imprescindible que podrÃa conseguir un aplazamiento indefinido diciéndole al prÃncipe: «Si es usted tan bárbaro como para querer someterme a semejante vejación, que no le perdonarÃa jamás, al dÃa siguiente abandono sus estados».
Consultado por la duquesa sobre la suerte de Rassi, el conde se mostró muy cauto. El general Fabio Conti y él se fueron de viaje al Piamonte.
En el proceso de Fabricio se suscitó una extraña dificultad: los jueces querÃan declararlo inocente por aclamación ya en la primera sesión. El conde tuvo, incluso, que llegar a las amenazas para que el proceso durara ocho dÃas por lo menos, y para que los jueces se tomaran el trabajo de oÃr a todos los testigos. «Esta gente siempre será igual» —pensó.
Al dÃa siguiente de su absolución, Fabricio del Dongo tomó posesión de su cargo de vicario general del buen arzobispo Landriani. Aquel mismo dÃa, el prÃncipe firmó los despachos necesarios para que Fabricio fuera nombrado coadjutor y futuro sucesor, y, antes de que hubieran transcurrido dos meses, obtuvo dicha plaza.