La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma El señor Gonzo era un pobre sujeto de aquellas características, muy linajudo, y que, además de tener alguna propiedad gracias a las influencias del marqués Crescenzi, había conseguido un cargo magnífico que le producía mil ciento cincuenta francos al año. Aquel hombre hubiera podido cenar en su casa, pero tenía una pasión: no estaba a gusto ni era feliz salvo en el salón de algún gran personaje que de vez en cuando le dijera «Cállese, Gonzo, es usted un imbécil». Y solía ser éste un juicio fruto de la irritación, pues normalmente Gonzo era más inteligente que el personaje. Hablaba de todo y con bastante gracia. Además, siempre estaba dispuesto a cambiar de opinión a la menor mueca del dueño de la casa. A decir verdad, aunque muy hábil para gestionar sus intereses, no tenía una sola idea en la cabeza y, en ocasiones, si el príncipe no estaba acatarrado, entraba en los salones con cierto azoramiento.