La Isla del tesoro
La Isla del tesoro Uno de los hombres que estaba más cerca de la puerta se puso en pie de un brinco y salió corriendo en su busca.
—Aunque fuera el almirante Hawke, le harÃa pagar su consumición —gritó Silver. Y luego, soltándome la mano, añadió—: ¿Quién dijiste que era? ¿Perro qué?
—Perro Negro, señor —le respond×. ¿No os ha contado el señor Trelawney lo de los bucaneros? Era uno de ellos.
—¡No me digas! —repuso Silver—. ¡Y en mi propia casa! Ben, aprisa, ve y échale una mano a Harry. Conque era uno de esos truhanes. ¿Estabas bebiendo con él, Morgan? Acércate y cuéntanos.
El hombre al que habÃa llamado Morgan, un marinero viejo de pelo cano y rostro color caoba, se acercó tÃmidamente, mascando tabaco.
—Vamos a ver, Morgan —le dijo John el Largo, muy serio—. ¿A que nunca hasta la fecha habÃas visto al tal Perro… Perro Negro?
—No, señor —contestó Morgan con un ademán de la cabeza.
—Y tampoco sabÃas cómo se llamaba, ¿verdad?
—No, señor.