Ana Karenina
Ana Karenina Cuanto más conocÃa a Vronsky, más le amaba. Le amaba por sà mismo y por el amor en que él la tenÃa. El poseerle por completo colmaba su ventura. Su proximidad le alborozaba. Los rasgos de su carácter, que cada vez conocÃa mejor, se le hacÃan más queridos.
Su aspecto fÃsico, muy cambiado al vestir de hombre civil, le era tan atractivo como podÃa serlo para una joven enamorada. En cuanto hacÃa, decÃa o pensaba Vronsky, Ana hallaba algo especial, elevado y noble.La admiración que sentÃa por él llegaba a veces a asustarla. Ana trataba de hallar en su amado algo que no fuera agradable. No se atrevÃa a dejarle ver la conciencia que tenÃa de su propia insignificancia.
ParecÃale que, al verlo, Vronsky habÃa de dejar de amarla más pronto, y ella nada temÃa tanto como perder su amor, aunque no tenÃa motivo alguno de temor a este respecto.
No podÃa dejar de estarle agradecida por su nobleza para con ella, de mostrarle cuánto la respetaba… Admirábale que, teniendo tanta vocación para las armas, en las que podÃa haber llegado a ocupar un elevado cargo, hubiera sacrificado su ambición por ella sin mostrar el mas pequeño arrepentimiento.
Vronsky se mostraba más atento y cariñoso que nunca, y la preocupación de que ella no se diera cuenta de la irregularidad de su situación no le abandonaba jamás.