Principe y mendigo
Principe y mendigo Los hombres nacidos y educados en el puente encontraban la vida de un tedio insoportable en cualquier otro sitio. La historia nos dice de uno de estos hombres que abandonó el puente a los sesenta y un años y se retiró al campo; pero no fue más que para ponerse nervioso y dar vueltas en la cama; no podía conciliar el sueño, pues la profunda calma rústica era penosa, horrible y opresiva. Cuando por fin se hartó de ella, volvió corriendo a su antiguo lar, hecho un espectro, demacrado y huraño, y se dio sosegadamente al descanso y a los sueños agradables bajo la adormecedora música de las agitadas aguas y el estrépito y el bullicio y la algazara del Puente de Londres.
En el tiempo al cual nos referimos, el puente suministraba a sus hijos «lecciones de cosas» en la historia inglesa, a saber, unas lívidas y medio corrompidas cabezas de hombres famosos, clavadas en picas de hierro en el centro del antepecho del puente. Mas dejémonos de digresiones.