Principe y mendigo
Principe y mendigo Ese dÃa cuando cerró la noche, el prÃncipe se encontró metido en la parte más edificada de la ciudad. Su cuerpo estaba golpeado, sus manos sangraban y sus andrajos estaban sucios de lodo. Vagó más y más, cada vez más aturdido, y tan cansado y débil que apenas podÃa levantar los pies. HabÃa cesado de hacer cualquier pregunta, puesto que sólo le ganaban insultos en lugar de información. Continuaba diciendo entre dientes: «Offal Court, ése es el nombre. Si tan sólo pudiera encontrarlo antes de que mi fuerza se agote por completo y me derrumbe, estaré salvado, porque su gente me llevará al palacio y probará que no soy de los suyos, sino el verdadero prÃncipe; y tendré de nuevo lo que es mÃo». Y de cuando en cuando su mente recordaba el trato que le habÃan dado los groseros muchachos del Hospital de Cristo, y decÃa: «Cuando sea rey, no sólo tendrán pan y albergue, sino enseñanza con libros, porque la barriga llena vale poco cuando mueren de hambre la mente y el corazón. Guardaré esto muy bien en mi memoria: que la lección de este dÃa no se pierda y por ello sufra mi pueblo; porque el aprender suaviza el corazón y presta gentileza y caridad[2]».