Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Sin diferencia perceptible —respondió el doctor—. En cuanto a los demás mamÃferos, su temperatura es, en general, algo superior a la del hombre. A la de éste se acercan mucho la del caballo, la de la liebre, la del elefante, la de la marsopa y la del tigre; pero el gato, la ardilla, el ratón, la pantera, el carnero, el toro, el perro, el mono, el macho cabrÃo y la cabra, alcanzan a 103°, y, por último, el más favorecido de todos, que es el cerdo, pasa de 104° (+40° centÃgrados).
—Lo que es humillante para nosotros —dijo Altamont.
—Vienen después los anfibios y los peces, cuya temperatura varÃa mucho según la del agua. La serpiente no alcanza más que a los 86° (+ 30° centÃgrados), la rana 70° (+ 25° centÃgrados), y el tiburón otros tantos en agua que tiene un grado y medio menos. En fin, los insectos tienen, al parecer, la misma temperatura del agua y del aire.
—Lo que me decÃs me parece muy curioso —dijo Hatteras, que no habÃa tomado aún la palabra—, y os doy las gracias, doctor, por haber puesto vuestra ciencia a nuestra disposición; pero hablamos aquà como si tuviésemos que desafiar los calores de la zona tórrida. ¿No serÃa más oportuno hablar del frÃo, saber a qué estamos expuestos y cuáles han sido las temperaturas más bajas observadas hasta ahora?