Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Numerosos troncos circulaban procesionalmente, chocando con estrépito. Algunos cachalotes de enorme y monstruosa cabeza se aproximaron al buque; pero no se pensó en darles caza, y no por falta de voluntad de Simpson, el arponero. Al anochecer se vieron también varias focas que, con la nariz debajo del agua, nadaban entre los grandes témpanos.
El día 22 la temperatura siguió aún bajando. El Forward forzó el vapor para ganar los pasos favorables. El viento del Noroeste se había decididamente fijado, y se recogieron las velas.
Durante el domingo los marineros tuvieron poco que trabajar. Después de la lectura del oficio divino, de la que se encargó Shandon, la tripulación se dedicó a cazar alcas, y cogió muchas. Las alcas, debidamente preparadas según el método clawbonniano, desempeñaron un brillante papel en la mesa de los oficiales y de la marinería.