La casa de vapor
La casa de vapor Luego que se marcharon, estando terminados nuestros preparativos, el capitán Hod, nuestros dos compañeros, y yo, bien armados y prontos a todo evento, bajamos hacia el Tarryani.
Al llegar a la plazuela donde estaba la trampa de la que habÃamos sacado tan felizmente a Mathias Van Guitt, este se presentó a nuestra vista no sin cierta ceremonia.
Cinco o seis de sus dependientes, entre ellos Kalagani, estaban ocupados en hacer pasar desde la trampa a una jaula con ruedas un tigre que se habÃa dejado atrapar durante la noche.
Era un animal magnÃfico, y excusado es decir que aquello provocó el despecho del capitán Hod.
—¡Uno de menos en el Tarryani! —murmuró entre dos suspiros que tuvieron eco en el pecho de Fox.
—Uno más en mi colección —respondió el proveedor—. No me faltan sino dos tigres, un león y dos leopardos para cumplir mis compromisos y terminar la campaña. ¿Vienen ustedes conmigo al kraal?
—Gracias —dijo el capitán Hod—; pero hoy cazamos por nuestra cuenta.
—Kalagani está a la disposición de usted, capitán Hod. Conoce bien el bosque y puede serle de suma utilidad.
—Le aceptamos de buena gana por guÃa.