La casa de vapor
La casa de vapor Por nuestra parte, ya no nos era posible intervenir porque se nos habÃan concluido los cartuchos y no podÃamos más que ser espectadores impotentes del combate.
En estas circunstancias, en la sección de la jaula inmediata a la nuestra, un tigre que trataba de romper las barras, dio una sacudida tan violenta que rompió el equilibrio de toda la jaula, la cual vaciló un instante y se volcó también.
Recibimos alguna ligera contusión en la caÃda y nos incorporamos sobre las rodillas; pero aunque las paredes de las jaulas habÃan resistido, no podÃamos ver ya nada de lo que pasaba fuera.
Sin embargo, oÃamos. ¡Qué estrépito de aullidos y rugidos en el recinto del kraal! ¡Qué olor de sangre impregnaba la atmósfera! ParecÃa que la lucha habÃa tomado un carácter más violento. ¿Qué sucedÃa? Los presos de las demás jaulas, ¿se habÃan escapado? ¿Atacaban la casa de Mathias Van Guitt? ¿Los tigres y las panteras se lanzaban a los árboles para arrancar de ellos a los indios?
—¡Y no poder salir de este cajón! —exclamaba rabioso el capitán.
Un cuarto de hora poco más o menos, un cuarto de hora cuyos minutos contábamos, pareciéndonos interminables, transcurrió en estas condiciones.