La casa de vapor
La casa de vapor —¿No serÃa posible —preguntó el cocinero— volver a tierra para proporcionarse…?
—Imposible, monsieur Parazard. Por perfectas que sean las preparaciones culinarias de usted, no podemos correr ese riesgo.
—Pues bien, señores —dijo monsieur Parazard—, dÃgnense ustedes recibir la expresión del sentimiento que me produce esa deplorable aventura.
—Lo comprendemos, monsieur Parazard —respondió el coronel Munro—. En cuanto a la comida y al almuerzo, no se cuide usted de ellos hasta que lleguemos a Yubbulpore.
—No me queda que hacer otra cosa más que retirarme —dijo monsieur Parazard, haciendo una cortesÃa y sin perder nada de su gravedad habitual.
Nos habrÃa divertido mucho la actitud de nuestro jefe de cocina si no hubiéramos tenido otras cosas más graves en que pensar.