La caza del meteoro
La caza del meteoro Pero un más grave cuidado se impuso pronto a su atención.
Como lo habÃa predicho el juez John Proth con palabras encubiertas, un tercer competidor se alzaba frente a ellos.
Al principio fue un rumor sordo que corrió en la muchedumbre; luego en muy pocas horas ese sordo rumor se convirtió en una noticia oficial, anunciada a son de trompeta urbi et orbi.
DifÃcil, muy difÃcil de combatir era ese tercer ladrón que reunÃa en su persona a todo el Universo civilizado. Si Mr. Dean Forsyth y el doctor Hudelson no hubieran estado ciegos, habrÃan previsto lo que tenÃa que ocurrir, y se habrÃan evitado un proceso ridÃculo, pensando que todos los gobiernos se interesarÃan por un acontecimiento que podÃa ser causa de la más terrible revolución financiera. No se habÃan hecho ese razonamiento tan natural y sencillo y el anuncio de la reunión de una Conferencia internacional les llenó de sorpresa.