La invasion del mar
La invasion del mar —Todo lo que yo puedo responder —declaró el comandante—, es que los tuaregs y otros nómadas, aparte de alguna que otra agresión aislada, no han amenazado seriamente el canal por esta parte. Según lo que he podido averiguar, muchos de entre ellos atribuyen los trabajos a la inspiración de Cheitan, el diablo musulmán, y esperan que una potencia superior a la suya acuda a impedir el mal. Pero ¿cómo conocer las ideas precisas de estas gentes tan disimuladas? Tal vez esperen a que se reanuden los trabajos y que lleguen los obreros contratados por la compañÃa para intentar pillajes más fructuosos y quizás algún golpe de fuerza.
—¿Cuál? —preguntó el ingeniero.
—¿No podrÃan, señor Schaller, reunirse varios miles y tratar de obstruir el canal en un trozo de su recorrido, arrojar en su lecho la arena de las orillas e impedir a fuerza de brazos el paso de las aguas del golfo?…
—Les costarÃa tanto trabajo llenar, como a nuestros antecesores abrir, y al final no conseguirÃan su propósito.
—No será el tiempo lo que les falte. ¿No se dice que transcurrirá una decena de años antes de que exista el mar interior?