La invasion del mar
La invasion del mar —No, comandante, no —contestó el ingeniero—. Ya he expuesto acerca de esto mi opinión, que se funda en datos exactos. Con la constante ayuda del brazo del hombre y de las poderosas máquinas de que disponemos, no diez años, ni cinco siquiera, exigirá la inundación del Rharsa y del Melrir. Lasaguas irán ensanchando y profundizando el lecho que se les haya abierto. ¡Quién sabe si Tozeur, aunque distante algunos kilómetros, no será un dÃa puerto de mar! Esto explica ciertos trabajos de defensa, en los cuales he tenido que pensar, como en los anteproyectos de puertos, tanto al norte como al sur, lo que constituye uno de los objetos importantes de este viaje.
Dado el espÃritu metódico y concienzudo del señor de Schaller, habÃa motivo para creer que no se abandonaba a quiméricas esperanzas.
El capitán Hardigan hizo algunas preguntas relativas al jefe tuareg, que se habÃa evadido del fuerte de Gabes. ¿HabÃa sido señalada su presencia en los alrededores del oasis? ¿Se tenÃan noticias de la tribu a que pertenecÃa?… ¿SabÃan los indÃgenas del Djerid que Hadjar habÃa recobrado la libertad?… ¿No tratarÃa de levantar la población árabe contra el proyecto del mar del Sahara?