La invasion del mar
La invasion del mar Y en todo caso, ¿serÃa prudente prolongar hasta allà el reconocimiento?… Seguramente, no; y una vez comprobada la ausencia de los que se buscaban, volverÃan a reunirse con el capitán Hardigan. Asà es que cualquiera que fuese el resultado de la expedición a Gizeb, aquella misma noche estarÃan de regreso en el campamento.
Era la una y media cuando el teniente Villette se levantó. Después de observar el estado del cielo, que las nubes iban invadiendo, le dijo al árabe:
—Vamos a registrar el oasis antes de partir; tú nos guiarás.
—A sus órdenes —dijo Mezaki, disponiéndose a emprender la marcha.
—Nicol —añadió el oficial—, acompáñeme usted con dos hombres. Los otros que esperen aquà nuestro regreso.
—Está bien, mi teniente —contestó el suboficial, llamando a dos espahÃes.
En cuanto al perro, no hay para qué decir que siguió a su amo sin necesidad de recibir la orden.
Mezaki, que precedÃa al oficial, tomó la dirección norte. Se alejaban del arroyo; pero, de retorno, descenderÃan por la orilla izquierda, de manera que el oasis serÃa visitado en toda su extensión.