La invasion del mar
La invasion del mar —Al instante —contestó Sobar—. En media hora vosotros podéis estar en el morabito; nosotros al pie del fuerte con la barca en el ángulo del bastión, donde no corremos el riesgo de ser descubiertos… Y si mi hermano no apareciese a la hora convenida, yo tratarÃa, ¡sÃ!, tratarÃa de llegar hasta él.
—¡SÃ, hijo mÃo, sÃ! ¡Si esta noche no logramos salvarlo, ya no volveremos a verle más!
HabÃa llegado el momento de la acción. Horeb y Ahmet tomaron la delantera, bajando por la estrecha calle que se dirige hacia el mercado. Djemma les seguÃa, recatándose en la sombra cuando se cruzaban con algún grupo. La casualidad hubiera podido ponerla frente al suboficial Nicol, que era casi seguro que la reconocerÃa. Más allá del oasis, el peligro habrÃa desaparecido, y siguiendo la base de las dunas no se encontrarÃa alma viviente que les interceptase el paso hasta el morabito.
Poco después, Sohar y Harrig salieron del café. SabÃan en qué sitio se encontraba la barca del levantino y preferÃan que éste no les acompañase: podrÃa ser advertida su presencia por cualquier transeúnte.
Eran las nueve aproximadamente. Sobar y su, acompañante remontaron el fuerte por la parte orientada hacia el sur.