La invasion del mar
La invasion del mar El conferenciante resumió y recordó entonces con gran precisión las ventajas que, según Roudaire, debían resultar de esta obra gigantesca. En primer lugar, el clima de Argelia y Tunicia mejoraría notablemente. Bajo la acción de los vientos del sur, las nubes, formadas por los vapores de la nueva mar, resolveríanse en lluvias beneficiosas para toda la región en provecho de su rendimiento agrícola. Además, estas actuales depresiones de las sebkhas tunecinas de Djerid y de Fedjedj, los chotts argelinos de Rharsa y de Melrir, actualmente depósitos de aguas pantanosas, se sanearían bajo el profundo lecho de las aguas permanentes. Y después de estas mejoras físicas, ¡qué de incremento no recibiría el comercio de esta región, transformada por la mano del hombre!
Por último, el señor Roudaire hacía valer estas razones: que la región al sur del Aurés y del Atlas contaría con nuevas vías de comunicación, por donde las caravanas podrían viajar con mayores seguridades; que el comercio, gracias a una flotilla, se desenvolvería en toda aquella comarca, cuyas condiciones topográficas impedían hasta entonces la comunicación entre los diversos puntos, y que las tropas, en condiciones de acudir a cualquier punto, asegurarían la tranquilidad, aumentando la influencia francesa en aquella parte de África.