La invasion del mar
La invasion del mar —Desaparición que verosímilmente durará tanto como la vieja África —contestó Hardigan—; es decir, tanto como nuestro mundo sublunar.
—Es de creer, mi capitán. Quedamos en ello, ¿no es así? Tendré el gusto de hacer con usted esta pequeña campaña, que no será más que un paseo.
—Nada más que un paseo, mi querido Villette; sobre todo, desde que hemos logrado desembarazarnos de ese endiablado Hadjar.
—Es una captura que le honra a usted, mi capitán.
—Y también a usted, Villette.
No hay para qué advertir que esta conversación tenía lugar antes de que el jefe tuareg lograra evadirse del fuerte de Gabes. Pero una vez conocida su fuga, había motivo para temer nuevas agresiones y hasta un levantamiento de aquellas tribus, cuya condición de existencia había de modificar considerablemente al proyectado mar interior.
La expedición había de caminar, pues, Con gran cautela a través del Djerid, y el capitán Hardigan pondría en ello toda su atención y experiencia.
Hubiera sido muy sorprendente que Nicol no formase parte de la escolta. Donde iba el capitán Hardigan, allí estaba el suboficial. Se recordará que tomó parte en la captura de Hadjar, y no habíade dejar en esta ocasión a su capitán, que tal vez tuviera que habérselas de nuevo con las bandas de los tuaregs.