Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Después sobrevino la noche, en medio de un pesado silencio que interrumpía. a veces el grito de un pelicano, de algún pájaro nocturno, el ruido de la resaca al batir las rocas o el gemido lejano de algún navío que batía las aguas del golfo con sus palas sonoras. De ocho a nueve de la noche, el Nautilus se mantuvo unos metros bajo las aguas. Según mis cálculos, debíamos encontrarnos muy cerca de Suez. A través de los paneles del salón podía distinguir los fondos rocosos iluminados vivamente por nuestra luz eléctrica. Me parecía que el estrecho disminuía aquí su amplitud.
A las nueve y cuarto el buque habla regresado a la superficie. Ascendí a la plataforma. Muy impaciente por franquear el túnel del capitán Nemo, no podía estarme quieto en un lugar y trataba de respirar el aire fresco de la noche. Casi en seguida advertí en las sombras, una pálida luz, algo descolorida por la bruma, que brillaba a una milla de nosotros.
-Un faro flotante, dijo alguien cerca de mí.
Me volví y reconocí al capitán.