La Eneida
La Eneida Al fin vencido, se alza mi padre hacia las auras
y habla a los dioses y adora la santa estrella:
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"Ya no cabe retraso alguno; te sigo y donde me llevéis estaré,
dioses de mi patria. Salvad mi casa, salvad a mi nieto.
Esta señal es vuestra y Troya cuenta en vuestros designios.
Me rindo, vaya, y no me niego, hijo, a acompañarte."
Eso dijo, y ya por la muralla se oye el fuego
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más claro y más cerca se revuelven las llamas del incendio.
"Vamos entonces, padre querido, súbete a mis hombros,
que yo te llevaré sobre mi espalda y no me pesará esta carga;
pase lo que pase, uno y común será el peligro,
para ambos una será la salvación. Venga conmigo