La Eneida
La Eneida ¡ay!, a mi padre, consuelo de toda cuita y desgracia,
pierdo, a Anquises. AquÃ, óptimo padre, cansado
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me dejas, ¡ay!, en vano arrancado a peligros tan grandes.
Ni el vate Héleno, que muchas calamidades me anunciara,
me predijo este duelo, ni la terrible Celeno.
Ésta fue mi fatiga postrera, ésta la meta de largos derroteros,
de aquà al partir el dios me lanzó a vuestras playas."
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Asà el padre Eneas, solo entre todos los que le escuchaban,
narraba los hados de los dioses y explicaba su discurrir.
Calló por fin y descansó terminando aquà su relato.