La Eneida
La Eneida ¡Y tú, Juno, intérprete y sabedora de mis cuitas,
y Hécate, ululada de noche en los cruces de las ciudades,
y Furias de la venganza y dioses de Elisa que se muere!
Aceptad esto, caed sobre los malvados con justo numen
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y escuchad nuestras plegarias. Si es preciso que arribe
a puerto este ser infando y navegue hasta tierra,
y así lo exigen los hados de Jove y está determinado este final,
que al menos perseguido por la guerra y las armas de un pueblo audaz,
expulsado de sus territorios, arrancado del abrazo de Julo
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implore auxilio y contemple las muertes indignas
de los suyos, y que, cuando se haya colocado bajo una ley
inicua, ni disfrute del reino ni de la luz ansiada,
sino que caiga antes de tiempo y quede insepulto en la arena.