La Eneida
La Eneida no pudo soportar Ascanio, y tensó de frente su flecha
en el nervio de caballo y abriendo los brazos
se detuvo para ganar antes con sus votos el favor de Jove:
"¡Júpiter todopoderoso, aprueba esta audaz empresa!
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Yo mismo llevaré a tus templos solemnes presentes
y sacrificaré ante tus aras un novillo de frente dorada,
blanco, que alcance con la cabeza a su madre,
que embista ya y que esparza la arena con sus patas."
Lo escuchó y tronó por la izquierda en región serena
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del cielo el padre, al tiempo que silba el arco fatal.
Escapa con horrible zumbido la flecha disparada
y atraviesa la cabeza de Rémulo y cruza con la punta
el hueco de sus sienes. " ¡Anda, búrlate del valor con jactancia!