El circulo carmesi
El circulo carmesi La noche siguiente, cuando faltaban tres minutos para las diez, un coche blindado hizo su entrada lentamente en la plaza Steyne y se detuvo en la esquina con la calle Clarges. Minutos más tarde, Thalia Drummond entraba en la plaza por el extremo opuesto. Llevaba una larga capa negra y el sombrerito con el que se cubrÃa la cabeza estaba sujeto por un grueso velo anudado bajo su barbilla.
Sin vacilar un instante, abrió la puerta del coche y se introdujo en su interior. Allà reinaba la más absoluta oscuridad, pero se podÃa distinguir confusamente la figura del conductor. Éste no volvió la cabeza ni hizo ademán de arrancar el coche, aunque ella podÃa sentir la vibración del motor bajo sus pies.
—Ayer por la mañana fue usted acusada de robo en el juzgado de Marylebone —dijo el conductor sin preámbulos—. Y por la tarde puso un anuncio en el que se describÃa como una joven recién llegada de las colonias, con intención de conseguir otra oportunidad para poder seguir con su carrera de ladronzuela.
—Eso es muy interesante —contesto Thalia sin inmutarse—, pero no creo que me haya obligado a venir hasta aquà para contarme la historia de mi pasado. Cuando leà su carta supuse que usted habÃa pensado que yo podrÃa ser una ayudante muy útil. Pero hay algo que me gustarÃa preguntarle.