EL Castillo de Otranto

EL Castillo de Otranto

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Mi querido y gracioso señor —dijo Hippolita arrojándose en sus brazos—, ¿qué es lo que veis? ¿Qué son esos ojos desorbitados?

—¡Cómo! —gritó Manfredo sin aliento—. ¿Tú no ves nada, Hippolita? ¿Me ha sido enviado a mí solo este fantasma, a mí que no…?

—Por lo que más queráis, señor —insistió Hippolita—, volved a vuestro ser, recuperad la calma y la razón. Aquí sólo estamos nosotros, vuestros amigos.

—¡Cómo! ¿No es éste Alfonso? ¿Es que no lo ves? ¿Puede ser un delirio de mi mente?

—Es Teodoro, mi señor —le tranquilizó Hippolita—, ese joven que ha sido tan infortunado.

—¡Teodoro! —repitió Manfredo en tono sombrío, arrugando la frente—. Teodoro o fantasma, ha turbado el alma de Manfredo. Pero ¿cómo está aquí? ¿Y cómo lleva armadura?

—Creo que fue en busca de Isabella —aclaró Hippolita.

—¿De Isabella? —replicó Manfredo recobrando su actitud airada—. Sí, sí, no cabe duda. Pero ¿cómo escapó de la prisión en que le encerré? ¿Le franqueó la puerta Isabella o este fraile hipócrita?

—¿Y sería criminal un padre, mi señor —intervino Teodoro—, si procurase la liberación de su hijo?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker