EL Castillo de Otranto
EL Castillo de Otranto —¿Dónde está mi madre?
—En su aposento, señora, y os llama.
Manfredo se levantó al romper el alba y se dirigió al aposento de Hippolita, para preguntarle por Isabella. Mientras la interrogaba, se anunció que Jerónimo solicitaba hablar con él. Manfredo, sin sospechar la razón de la presencia del fraile, y sabiendo que Hippolita lo empleaba para sus caridades, ordenó que pasara, con el propósito de dejarlos solos y continuar él su búsqueda de Isabella.
—¿Queréis verme a mí o a la princesa? —preguntó Manfredo.
—A ambos —respondió el santo varón—. La señora Isabella…
—¿Qué le ocurre? —se apresuró a interrumpirle Manfredo.
—… Está junto al altar de San Nicolás.
—Pues no es asunto de Hippolita —decidió Manfredo, confuso—. Vamos a mi habitación, padre, e informadme de cómo llegó hasta allí.