Enamórate de ti
Enamórate de ti El verdadero amor propio no se basa en creerse único o superior, sino en asumir la existencia individual con dignidad. Como un primer romance, se trata de mirar hacia adentro y encontrar ahí las razones para vivir, para cuidarse, para levantarse cada día con propósito. Este idilio interno es el que enseña a valorar la vida. Cuando el amor nace desde el interior, la capacidad de amar a los otros se expande sin necesidad de mendigar afecto.
Rechazarse a sí mismo, vivir avergonzado de existir o fastidiarse por ser quien se es, constituye una de las formas más profundas de sufrimiento. Odiarse a uno mismo es posible, y puede alcanzar intensidades extremas, incluso destructivas. El desprecio interior mina la capacidad de disfrutar, de construir, de encontrar sentido.
A veces, el ser humano incorpora el castigo psicológico como una forma de vida, sin notarlo. Se glorifica la culpa, se perpetúa el dolor como si fuese virtuoso. Se valora más el sufrimiento que la paz interior. Se convierte en hábito lo que debería erradicarse. Desde pequeños se aprenden normas que nos llevan a creer que disfrutar de uno mismo es un pecado, que mimarse o autoelogiarse es sinónimo de arrogancia.