Tus zonas erróneas
Tus zonas erróneas El autoengaño más común consiste en afirmar que se está molesto, deprimido o herido por culpa de otra persona o situación. Esta visión es paralizante. En cambio, asumir que son los propios pensamientos los que generan esa emoción, otorga poder inmediato. Un simple silogismo lo explica con claridad: si los pensamientos se controlan, y los sentimientos surgen de los pensamientos, entonces los sentimientos también pueden controlarse.
Cada vez que alguien dice: “Me haces sentir mal”, se está entregando el control de sus emociones. Pero si se cambia por: “Yo me estoy haciendo sentir mal por lo que pienso respecto a lo que dijiste”, la libertad emocional se restituye. Las frases como “Me ofendes”, “No puedo evitar sentir esto”, “Me enoja esta situación” deben transformarse en declaraciones responsables: “Yo elijo sentirme así”.
Este cambio de paradigma requiere atención plena. Se trata de observar los pensamientos en el momento exacto en que ocurren. Se trata de entrenar la mente para dejar de reforzar los patrones automáticos que se arrastran desde la infancia. Es un aprendizaje similar al de manejar un automóvil: al principio cuesta, requiere práctica, pero después se vuelve natural.
