Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¿Por qué, en vez de molestar a mis parientes, no se presenta ante mà a traer el desorden?
Sheyue comentó a los reunidos:
—No podemos culparla por pedirnos que no nos metamos en sus asuntos. Al desconocer lo que ha pasado, no tenemos ningún derecho a interferir. Mejor será que pidamos el auxilio de alguien que sà tenga ese derecho. Me parece la única manera de convencerla y enseñarla a comportarse.
Dicho lo cual, se volvió y ordenó a una de las doncellas jóvenes:
—Anda y trae a Pinger. Si está ocupada, pÃdele a la señora Lin que venga.
La niña partió con su encargo. Rápidamente, las criadas mayores rodearon a la madre He.
—¡Rápido, hermana! —le dijeron—. Suplica a las señoritas que llamen de vuelta a esa criatura. Si viene la señorita Pinger te verás metida en problemas.
Pero la terca mujer replicó:
—Sea quien sea esa señorita Pinger también tendrá que avenirse a mis razones. Nadie tiene derecho a impedir que una madre le dé una lección a su propia hija.
—No sabes quién es esta señorita Pinger —contestaron las otras—. Es la doncella de los aposentos de la señora Lian. Si está de buen humor puede dejarte marchar después de reñirte un poco, ¡pero cuÃdate si está de mal humor!