Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Aunque no lo hayas encontrado has cumplido con tu deber de amigo —dijo su madre—. Y, quién sabe, quizás después de todo su renuncia al mundo haya sido por su propio bien. Y ahora, ya es tiempo de que te ocupes de tus propios asuntos. Tienes que empezar a hacer los preparativos de tu propia boda. En nuestra familia somos pocos y, como dice el refrán, «Los gorriones más lentos son los primeros que deben echar a volar». Más vale prevenir ahora que lamentarse luego, cuando se pierda esto o se olvide lo otro, haciendo que la gente se rÃa de nosotros. Y otra cosa. Tu hermana dice que ya ha pasado casi un mes desde tu vuelta, de modo que ya es hora de terminar de distribuir las mercaderÃas que trajiste. También debes agasajar con un banquete a los que te acompañaron en el viaje, para agradecerles su trabajo. Te han acompañado en una jornada de mil o dos mil li, trabajando intensamente durante cuatro o cinco meses, compartiendo contigo las penurias y peligros del viaje.
—Tienes razón, madre —asintió Xue Pan—. Mi hermana piensa en todo. También a mà se me habÃa ocurrido algo parecido, pero estuve tan ocupado despachando las cosas que la cabeza no ha dejado de darme vueltas; además, como estos últimos dÃas los he pasado corriendo de un lado a otro arreglando la boda del hermano Liu, aunque no haya servido de nada, no he podido atender mis propios asuntos. ¿Por qué no fijamos el dÃa de mañana o el siguiente, y enviamos de una vez las invitaciones?