Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Lo sospechaba —dijo ella—. Demuestra lo descuidadas que se han vuelto las guardias nocturnas. Y lo más grave es que ellas mismas pueden ser las ladronas. ¿Quién sabe si no es as�
La dama Xing y la señora You habÃan venido a presentar sus respetos y estaban atendiéndola junto con Xifeng, Li Wan y las muchachas. Aquel comentario las dejó silenciosas, hasta que se adelantó Tanchun.
—Es verdad que con la enfermedad de la prima Xifeng las sirvientas del jardÃn se han vuelto mucho más desordenadas —dijo—. Al principio se reunÃan en grupos de tres o cuatro para jugar a los dados o a las cartas en sus ratos libres, apostando pequeñas sumas, o para mantenerse despiertas en la guardia de la noche. Pero últimamente se han vuelto más osadas, e incluso llegan a organizar grupos de juego, con una de ellas actuando de banca y haciendo apuestas que alcanzan las treinta, cincuenta o cien sartas de monedas. Hace quince dÃas hubo incluso una trifulca.
—Y si sabÃas todo esto, ¿por qué no me informaste? —le reprochó la Anciana Dama.
—Como Su SeñorÃa estaba ocupada e indispuesta, y la prima Xifeng enferma, me limité a decÃrselo a mi cuñada y a las esposas de los mayordomos. Llamaron repetidas veces la atención a los sirvientes, y últimamente parece que están comportándose mejor.