Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¡Por supuesto! —exclamó él—. ¡Qué original y elegante! Y además, ésta es la estación justa para colgarla.
Se paseó por el cuarto mirando los diversos objetos que por allà habÃa, hasta que regresó Xueyan con el té. Poco después Daiyu terminó de hacer su copia y se incorporó.
—Disculpa que no te haya prestado atención —dijo.
—¡Siempre con tus buenos modales, prima! —rió él.
Entonces advirtió que Daiyu llevaba una chaqueta blanca bordada, con forro de piel, y encima de ella un chaleco de piel de ardilla blanca; su falda era de seda rosada. Sin flores en sus vaporosas trenzas, que estaban apenas sujetas con una horquilla de oro, parecÃa en verdad
Un grácil árbol movido por la brisa.
Una dulce flor de loto cubierta de rocÃo.
—¿Has tocado la cÃtara estos dÃas, prima?
—Hace dos dÃas que no la toco. Se me han enfriado mucho los dedos haciendo estas copias.