Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Lan escribió sus versos cuidadosamente y los entregó a la Anciana Dama, quien hizo que Li Wan los leyese:
Su hermosa belleza se marchitó antes del fin de la primavera; y tras la escarcha y la nieve se abren sus rojos capullos.
Que nadie diga que estas flores no conocen el mundo:
Es sólo el presagio de la libación por una gran felicidad.
Entonces la Anciana Dama dijo:
—No sé mucho de poemas, pero pienso que el de Lan es el mejor. El de Huan no sirve. Ahora venid todos a comer.
Baoyu se sintió bien al verla de tan buen ánimo, pero se le pasó por la cabeza: «Las begonias murieron al mismo tiempo que Qingwen. Ahora florecen otra vez, lo cual, por supuesto, es un buen augurio para los de esta casa, pero Qingwen no puede recobrar la vida como estas flores». E inmediatamente su contento se trocó en melancolía, hasta que recordó que Qiaojie le había dicho que Xifeng pensaba enviar a Wuer para reemplazar a Xiaohong. «Quizás estas flores se estén abriendo en homenaje a ella», pensó, y con el ánimo repuesto se puso a charlar con los demás con la alegre disposición de antes.
Unos momentos después partió la Anciana Dama apoyada en el brazo de Zhenzhu y acompañada por la dama Wang y las demás. A la salida fueron abordadas por Pinger.