Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Su hermano Bao ha perdido el jade —le dijo con una sonrisa—. ¿Lo ha visto usted?
Jia Huan se turbó violentamente y le clavó una mirada furiosa.
—¿Por qué se sospecha de mà cuando alguien pierde algo? ¿Acaso soy un ladrón?
Se le veÃa tan exaltado que Pinger no se atrevió a presionar.
—No es eso lo que quise decir —le explicó sonriente—. Pensé que quizás lo tomó para asustarnos; sólo por eso pregunté si lo habÃa visto; para que nos ayudara a encontrarlo.
—Era él quien llevaba el jade, asà que es a él a quien tienes que preguntarle, no a mÃ. ¡Cuántos remilgos tenéis todas con mi hermano! Si algo bueno sucede, nadie me invita a compartirlo, ¡pero cuando algo se pierde, entonces todo el mundo me pregunta a mÃ!
Y con estas palabras, se levantó y salió y nadie se atrevió a detenerlo.
—¡Tanto problema por ese estúpido objeto! —estalló Baoyu—. Ya no lo quiero. No hay necesidad de que se arme tanto escándalo. Cuando Huan regrese, seguramente se lo contará a todo el mundo y provocará un escándalo tremendo.
—Tal vez a usted no le importe que el jade se pierda, pequeño ancestro, ¡pero si las señoras llegan a enterarse nos descuartizarán! —Xiren rompió a llorar aún más desesperadamente.