Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo El hombre le entregó un paquete envuelto en seda roja. Jia Lian lo abrió y vio, efectivamente, un hermoso jade resplandeciente. Nunca anteriormente había prestado mucha atención al jade de Baoyu, y aprovechó para echarle un buen vistazo. Un cuidadoso escrutinio le reveló la inscripción «Protege de malos espíritus». Fuera de sí de alegría, ordenó a los criados que atendieran al visitante y fue corriendo donde la Anciana Dama y la dama Wang para que identificaran la piedra. Para entonces ya todos estaban deseosos de verla. Apenas entró Jia Lian, Xifeng se lo arrancó de las manos, y como no se atrevió a examinarlo ella misma, se lo pasó a la Anciana Dama.
Jia Lian se echó a reír.
—¡No me dejas recibir el mérito ni siquiera en una cosita sin importancia como ésta!
Cuando la Anciana Dama descubrió el jade, éste le pareció bastante más opaco que antes. Lo frotó con los dedos mientras Yuanyang le traía las lentes, y al ponérselas se dedicó a escrutar la piedra.
—¡Es muy extraño! —exclamó—. Por cierto que se trata del mismo jade, ¿pero por qué ha perdido su antiguo brillo?
La dama Wang lo examinó un buen rato, pero no pudo dar una opinión definitiva. Le pidió a Xifeng que echara un vistazo.