Asesinos encubiertos

Alf Regaldie

La primera preocupación de Jack Walton apenas hubo llegado a la estación, fue dejar a su caballo bien instalado en un vagón ganadero, recomendándoselo al guardián de los mismos. ?Puede irse tranquilo, míster Walton. El joven echó un vistazo por el convoy que estaba formado y a punto de salir ya. ?¡Cáspita! Creo que no cabe ni un alfiler en él. Buscó el vagón especial, cuyos departamentos iban prácticamente vacíos.


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