Metido en una encerrona

Sam Fletcher

El establecimiento era espacioso, aún había claros en las mesas por ser temprano. Pero empezaban ya a llegar los parroquianos ávidos de diversión. En el largo mostrador se servirían grandes cantidades de whisky, se iniciarían reñidas partidas de naipes y comenzaría a funcionar la ruleta. También habría música, y las mujeres que entretenían a los clientes lucirían sus habilidades en el escenario preparado al efecto. Vicky era una de ellas.
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