El rancho del crimen
El rancho del crimen —¡Ha cumplido lo prometido! —gritĂł Teeny Butler a su vez—. ¡Y fĂjese en esto, señor Barbudo! ¡Voy a cortarle el tercer botĂłn del ala derecha de sus zahones!
¡Bang!
El revólver de Teeny habló amenazador ahora, y un disco brillante saltó en el aire a un metro de altura. ¡Era el botón niquelado, el tercero precisamente, del ala derecha de los zahones del hombre de las barbas a lo Van Dyck!
—¡Mil rayos! —dijo la voz de uno de los jinetes—. ¿Qué quiere decir esto?
—Es sencillamente demostrarle que conocemos el oficio —contestó Hicks “Miserias”—. Ya ven ahora lo que somos capaces de hacer. ¡Suelten los revólveres... y arriba las manos!
Los comisarios habĂan demostrado suficientemente que eran dueños de la situaciĂłn. Las manos de los cinco hombres se alzaron al cielo. Los dos comisarios salieron del bosquecillo y se acercaron a los cinco prisioneros.
—Y ahora, vamos a ver, ¿quiénes son ustedes? —preguntó Hicks “Miserias”.
—¡Demasiado sabes quiĂ©nes somos y por quĂ© estamos aquĂ! —contestĂł el que parecĂa jefe de aquellos hombres, el jinete barbudo—. Yo soy Bronson, del Rockin R.