Alicia en el País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas Sin duda era perfecto, mas pronto descubrieron
que el hombre en quien ponían tan ciega confianza,
si llegara el momento de cruzar el océano,
no sabría otra cosa que tocar la campana.
Era sesudo y grave… ¡mas cuánta confusión
a todos producía cuando daba una orden!
Si gritaba: «¡A estribor, mas la proa a babor!»,
¿qué diablos haría el timonel entonces?
El bauprés y el timón solían confundirse.
Nada extraña es la cosa (nuestro hombre opinaba):
en climas tropicales es bastante posible
si, por así decirlo, la nave está «esnarkada».
No poca confusión le causaba la vela:
«¿Por qué, yo me pregunto, si sopla viento Este,
nuestra nave decide enfilar el Oeste?».
Tal era su desdicha y su mayor problema.
Mas, pasado el peligro, habían desembarcado
con cajas y maletas y demás equipajes:
nadie, a primera vista, saboreó el paisaje.